¿Qué haces para dar a conocer a Cristo?
Viernes 23 de septiembre de 2011
[XXV Ordinario. - V Sem. Salt. – feria (verde)]
San Pío de Pietrelcina, presbítero.
« Estimado hermano: Siempre humíllate amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque Dios le habla a quien es verdaderamente humilde de corazón, y lo enriquece con grandes dones» (San Pío de Pietrelcina)
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, según san Lucas 9, 18-22.
Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy Yo?». Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado».
Él les dijo: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?». Respondió Pedro: «El Mesías de Dios». Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.
Después les dijo: «Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día». Palabra del Señor.
El Santo Padre nos enseña:
- Buenos días Estimado hermano, Es un hecho que nosotros evangelizamos todos los días. Deliberadamente o no, conscientemente o no, somos evangelizadores. ¿La pregunta es, sobre qué estamos evangelizando? ¿Qué clase de Jesús les estamos enseñando a los demás?
- Una de las maneras más frecuentes que evangelizamos sobre la verdad es viviendo genuinamente la fe verdadera -- especialmente durante las dificultades a la vista de los que son inexpertos en confiar en Dios.
- Si nosotros lidiamos con los problemas. Estamos siendo observados por las personas que no tienen experiencia en confiar en Dios. Si lidiamos con nuestros problemas sin imitar a Jesús en nuestras actitudes y decisiones, nuestra conducta enseña a los demás que Dios no es confiable, que sus enseñanzas no importan y que a él realmente no le importa.
- No son nuestras palabras las que evangelizan; es lo que nuestras vidas dicen. Es el mensaje implicado en nuestras respuestas a todo lo que nos sucede durante el día. Jesús te pregunta: ¿"Quién dices TÚ que soy yo"? Quizás quiso decir, ¿"Quién DICES tú que soy"? como si él estuviera más preocupado con lo que sale de nuestra boca en vez de lo que sale de nuestras vidas
- Con demasiada frecuencia, nuestras palabras dicen una cosa y nuestra conducta dice otra.
- Las personas no creen en nuestras palabras si nuestra vida no demuestra su validez. Ellos pueden presentir cuando nuestra fe no es auténtica. Los jóvenes son especialmente buenos para esto. Mientras los tenemos en Misa y mientras nosotros los tenemos en programas de jóvenes, más vale que los sacerdotes, liturgistas, acomodadores, saludadores, ministros de juventud y catequistas, etc., sean auténticos en su fe y en su amor. Sonrisas de plástico que esconden algo que no imita a Cristo son muy fácilmente reconocidas por sus habilidades de observación extraordinarias.
- El interrogatorio que no se menciona es: ¿Estimado hermano, quién dices que Jesús es? ¿Quién es él para Estimado hermano? ¿Cuán verdadero es él para Estimado hermano? ¿Es él todo lo que me dice que es? ¿Por qué debo obedecer las enseñanzas de la Iglesia cuando no te has molestado en ver si puedes conseguir una anulación después de tu divorcio? ¿Por qué debo confiar yo a Dios si tú me dices que rezas y sin embargo te preocupas tanto? ¿Por qué debo mantenerme casto cuando salgo con alguien después de que te he visto gozar de películas y televisión con escenas apasionadas"?
- Estimado hermano, lo que los jóvenes buscan son ejemplos auténticos de Dios. Los adolescentes y los jóvenes adultos están en la transición, cambiando de la aceptación de niñez incuestionable sobre la fe de sus padres a una propiedad adulta de su propia fe. Ellos son "niño-adultos" - no son niños todavía pero tampoco adultos verdaderos hasta que ellos poseen las responsabilidades de la edad adulta. Esta etapa quizás dure muchos años. Es obstaculizada por cada cristiano no autentico con los que ellos se tropiezan.
- Lo mismo es verdadero para las personas mayores también. Las personas buenas que no asisten a la iglesia no están buscando maneras de rechazar la fe verdadera. Lo que ellos buscan es la prueba de que la fe que nosotros proclamamos es verdaderamente beneficial. Y cada persona con la que se encuentran en la Iglesia que falla en ser como Cristo los hace ir a buscar a Dios en otras direcciones, si es que continúan buscándolo.
- La buena nueva es que: Nuestro arrepentimiento del pecado es una manera poderosa de mostrarles la fe auténtica y la verdad de la misericordia de Dios y una fe que vale la pena creer.
BENEDICTO XVI
Propósito
- Esforzarme por tener a Cristo como el criterio de mis decisiones e imitar su estilo de vida.
Una oración para hoy:
Jesucristo, lo primero que debo de buscar, si quiero ser feliz, es vivir centrado en Ti, eso es lo esencial de mi vida. Tengo que arraigarme en Ti y corresponder generosa y alegremente a tu infinito amor. Te pido tu gracia para saber vivir en el amor al saberte reconocer en los acontecimientos, buenos y males, de este día.
El Santo de hoy: San Pío de Pietrelcina, presbítero.
En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivió por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX, a punto actualmente de ser declarado Santo por el Vaticano. El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban en forma vívida el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.
Es notable su carisma de bilocación: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas. También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios). Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).
Vivió rodeado de la Presencia de Jesús y María, pero también de Santos y Angeles, y de almas que buscaban su oración, para subir desde el Purgatorio al Cielo. Pero su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida en 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.
Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocación. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.
En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San Pío de Pietrelcina y fué canonizado el 16 de julio de 2002.
Vivimos en un mundo que niega lo sobrenatural, se aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado a través de la razón, o percibido por los sentidos. Sin embargo, Dios prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos, a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la divinidad de los seres Celestiales. El Padre Pío es una puerta abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos. Es también un testimonio de la pequeñez del ser humano y una invitación a creer y dejar de buscar explicación a los hechos de la Divina Providencia (la voluntad de Dios), sino simplemente a unir nuestra voluntad a la de Dios, y ser lisa y llanamente su instrumento, como el Padre Pío lo fue.
La vida entera del Padre Pío no puede ser explicada a través de la razón o la lógica humana. La fe y fuerza del Santo del Gargano dan por tierra con todas las escuelas filosóficas terrenales, dejando una sola salida a todo intento de crecimiento del hombre: el encuentro con el Dios eterno, el que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su infinita Misericordia, que nos entreguemos simplemente a Su Voluntad. La negación de nuestro yo (la muerte de nuestro ego), se constituye en la principal meta de nuestra evolución, porque ¡SÓLO DIOS ES!
Debemos negarnos mismos y vivir para y por Él. El Padre Pío vivió en la más absoluta humildad y negación de sí mismo, y miren los prodigios que Jesús hizo a través suyo.
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